domingo 24 de mayo de 2009

Half the world away


Nadie sabe en qué noche de octubre solitario ocurrió aquello.

¿Llovía?Llovía, sí. Hay ciertas cosas que sólo pueden pasar si llueve. Las calles del pueblo estaban vacías, así que en realidad no había testigos.
Hay quien dice que escuchó risas y pasos apresurados. Hay quien defiende que aquello pasó en el más absoluto de los silencios( pero, recordemos, llovía, así que es ese silencio ruidoso que sirve a veces de nana para dormir en las noches de lluvia).

El caso es que alguien movido quizá por corrientes de agua subterráneas que se cruzaron en ese momento bajo sus pies, se despertó y notó algo extraño.

La luz no era la misma.

La persiana llevaba meses rota, esperando una tarde de ocio de su dueño o un milagro para ser arreglada. Siempre se colaba luz de noche, la luz de las farolas alumbraba su dormitorio para recordarle una y otra vez que debía arreglarla. Pero esa noche, el recuerdo era más...tenue.
Sin saber si había empezado a perder la vista, se asomó al balcón. Y sus ojos, sanos, se abrieron de par en par.

Las farolas. Faltaban la mitad de las farolas de la calle. No había rastro de vandalismo. Sólo el hueco. Como si nunca hubieran existido.

A la mañana siguiente, en el pueblo no se hablaba de otra cosa. Por cada hueco de la farola, habia tres personas mirando fijamente, como si pudieran conjurar farolas de tanto mirar. Pero no.

Esa noche, a través de la persiana rota, dos ojos se clavan en la farola de enfrente, esperando que se apague. Pero ahí sigue, muda. Él la oye reirse. O eso cree. Tiene sueño. Se duerme y cuando despierta, ha amanecido.

Sale a la calle. Increíble. La mitad de los árboles que adornaban las aceras del pequeño pueblo, han desaparecido. No hay rastro de raíces, de hojas en el suelo. Sólo huecos. Más huecos. Y de nuevo reunión vecinal alrededor de huecos vacíos. Hablar del tema hace los huecos incluso más grandes.

Esa noche, sale a la calle, con una mezcla de intriga y emoción. Pasea por el pueblo cuando todos duermen o lo fingen. No sabe si llevar algo para defenderse. No sabe nada. Comienza a llover. Gira sobre sí mismo en busca de movimiento, de ruido, pero no ve nada, no oye nada. Sólo la tenue luz de la mitad de las farolas. El leve ulular de la mitad de los árboles.

Y quiere volver a casa. Pero no está. Su persiana rota ha dado lugar a un hueco. Vuelve a girar sobre sí mismo. La mitad de las casas. Huecos.

A la mañana siguiente, la mitad de los vecinos, en silencio, no pueden parar de mirar la mitad de los huecos. Y esa noche, todos esperan la lluvia en la plaza.

Y a las 2, el reloj sólo da una campanada. Viene la lluvia. cesa, mitad los del , atónitos, como vecinos han huecos. entonces, vez lluvia. hay .



Mj( foto del genial Chema Madoz)

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lunes 27 de abril de 2009

Words don't come easy


Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas. Tras semanas preocupada persiguiendo al bebé para que repitiera dos veces la misma sílaba, "ma-má", la madre, perdida entre libros de padres primerizos, se encontró a su retoño mirándola con una sonrisa de oreja a oreja, llenando de aire sus pulmones, tensando las cuerdas vocales, con sus pequeños ojos abiertos de par en par.
Ella contuvo la respiración.

Y entonces el niño habló...


- Australopithecus.


Mj


Esto y más en Cuentacuentos ( como siempre, como nunca :) )

domingo 8 de febrero de 2009

Only when I sleep

Nominada por Marcos :) :

1. 5 personas distintas con las que hayas dormido y sensaciones:

Para mantener el anonimato de los susodichos, los llamaremos A, B, C, D y E. Con A el insomnio no existía. Recuerdo las veces en que pedía una nana y sólo por el hecho de retraerme a mi infancia en busca de una, me quedaba frita. Y su olor. B implicaba el miedo a acabar en el suelo o estampada contra la pared; cuantisimo movimiento, qué de patadas. C era el cansancio de las noches de sábado en las que duermes en casa ajena un par de horas para volver a la tuya con gafas de sol. D eran las noches de verano de mi infancia: en un apartamento en la playa, en las camas del mueble del salón, meternos con cualquiera que se pusiera a hablar cerca de donde estábamos, discutir hasta quedarnos dormidas. Y espero aún las noches con E.


2. Postura en la que duermes:

Sobre el lado derecho, abrazada a la almohada. Incluso en el hospital duermo así.

3. Algún hábito a la hora de irte a dormir:

Cerrar la puerta de la habitación en la que esté. Respirar profundamente, sólo una vez. Y cerciorarme de que he puesto el despertador.

4. Lo primero que haces al despertar:

Mirar qué hora es y parar el despertador cantando la estrofa que falta: " tú no estás y no hay café, es hermoso existir". Acto seguido, pongo música :)

5. ¿Te gusta dormir siesta?

No concibo una vida sin ella. Lo mismo 20 min que 4 horas, dependiendo del día que haya tenido.

6. Qué te viene a la cabeza si te digo:

- Arena: Portugal
- Noche: Bailar
- Aire: Balcón
- Terror: Supervivencia
- Dinero: Trabajo

7. ¿Tienes relación con tus amigos de la escuela primaria?

Sólo con uno.

8. Tu mejor remedio para el dolor de cabeza:

Ibuprofeno + Muse

9. Qué canción te trae buenos recuerdos:

Mismamente...




Nomino, no sé: a Brian, a W., a Paula.

domingo 14 de diciembre de 2008

Fall at your feet


Se cayó.

Quizá, estadísticamente, no era sorprendente. Día tras día asomándose al mismo acantilado, con la mirada fija en el infinito. Con el suelo húmedo es difícil mantener el equilibrio siempre. Sobre todo cuando se trata de mantener el interno y el externo.

Mientras caía, con una punzada en el pecho por lo irónico del asunto, extendió los brazos y abrió los ojos. Quería abarcar toda la inmensidad de su mala suerte y dejar que el agua, cuando tocara la superficie, le cubriera por completo. Que no quedase una parte seca. Y los ojos, porque quería verlo todo. Secos ya no estaban. Cruelmente habían anticipado la humedad, porque cuando cayó, lloraba. Como lloraba cada día. Siempre fueron él y sus lágrimas. Hoy se les unió el azar.¿El destino?.La ironía.

Intentó escuchar, recordando que alguna vez bromeó con qué canción quería que sonara al morir. No eran precisamente armónicos los sonidos que le llegaban. Pero, al menos, había dejado de escuchar su propia voz lamentándose, repitiendo una y otra vez las mismas letanías, las que le arrastraban hacia allí cada día. Su propia voz, en un momento tan crucial, se había amedrentado. No tenía ni ganas de gritar. Para qué. No sería capaz de amortiguar el golpe a base de gritos. Rio, eso sí. Quizá tampoco amortiguaría, pero al menos calmaba la punzada del pecho.

Estiró un poco más los dedos. Cogió aire para poder seguir riendo, a pleno pulmón.

Vio, desde su nueva perspectiva ( un poco más horizontal que antes) el mundo que le rodeaba. Admiró formas y colores en un espacio tan reducido como aquel. Distintas clases de aves que le sobrevolaban y peces que nadaban por debajo suya ajenos a la que se les venía encima. Humanos que de haberle visto, habrían meneado la cabeza en un "era de esperar".

Se cayó. Y con los ojos y los brazos abiertos, se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo...había dejado de echar de menos.

Mj


Esto y más, como siempre, en Cuentacuentos

miércoles 3 de diciembre de 2008

Are you out there?


Quiero volver a escribir, de verdad. Dejar de ver que la última entrada de este blog ( en el que aún no sé cómo los peces de la cabecera siguen vivos, me duran más que los reales y les atiendo bastante menos) es de Septiembre.
Pero lo cierto es que ando falta de inspiración.
Antes, de la frase de cuentacuentos o de cualquier hecho cotidiano, salía una historia. No diré que con facilidad, pero sí que, con un poco de concentración, lo lograba. Tenía un principio y un fin. El resto salía solo al ponerme a escribir. Mis absurdas palabras creaban los nudos del medio.
Y ahora...ahora me cuesta concentrarme hasta para elegir la hora a la que poner el despertador. No te digo ya para explorar toda la ficción que sé que está en alguna parte de mi cabeza, pero que soy incapaz de encontrar el botón que lo enciende.
El caso, que me niego a darlo por perdido.
Que sé que puedo.
Que, en cuanto os descuideis, los pocos que seguís pasando alguna vez por aquí( pero que sé que alguien hay al otro lado) os encontraréis con una historia sacada de lo más profundo de mi hipocampo. Y será buena. O no. Pero existirá. Está ahí, esperando para salir. Sólo tiene que encontrar el pestillo de la ventana( que nunca puede ser cerrada del todo).

domingo 14 de septiembre de 2008

...la sensibilidad de un picaporte

Yo no pretendo y nunca he pretendido( vamos, que ni se me pasa por la cabeza) llegar a mucho público con lo que escribo, dejar huella en alguien o vivir de ello, siempre he mantenido que escribo por diversión y que dejaré de hacerlo el día que deje de parecerme divertido( lo cual, obviamente sucederá cuando me plantee lo anterior).
Bien, el caso es que envidio a un par de escritores. De los que llegan al público, dejan huella y viven de ello. Yo esta mañana he aparecido en casa a las 6 de la mañana y de todo lo que una persona puede hacer a esa hora, lo que me apetecía, de verdad, era continuar con el libro de Paul Auster que me estoy leyendo.
Peor aun, en el ligero estado de perjudicación en el que me hallaba, me he quedado mirando un párrafo de esos que te dan ganas de coger todas las palabras que has usado alguna vez para escribir algo y que aparecen en esas escasas tres líneas y pedirle perdón al mundo por haberte atrevido a tocarlas. No son palabras rimbombantes, no tienes que hurgar en un diccionario para encontrarlas. Y sin embargo, ahí las tienes, riéndose de ti, que estás en pijama.

" Qué impresión producía el rojo de la sangre contra el blanco del lavabo de porcelana, pensé. Con cuánta viveza llegaba aquel color a la imaginación, vaya sacudida estética. En comparación, los demás fluidos que segregábamos eran pálidos, chorritos apagados. Babas blancuzcas, semen lechoso, meados amarillos, mocos verdosos. Excretábamos colores de otoño e invierno, pero corriendo invisible por nuestras venas, la esencia misma que nos mantenía con vida, estaba el carmesí de un pintor enloquecido: un rojo brillante como pintura fresca" Paul Auster.

domingo 17 de agosto de 2008

¿Quién me ha robado el mes de Abril?

Para Yudenia y Allan

Lo importante es participar. Ese es el lema con el que me ha tocado lidiar este año. 30 días recordándole a alguien que no hace falta ganar. No creo en ello, pero no puedo elegir la frasecita de marras.

Cada año, soporto días y días de tedio sin poder hacer nada. Me he convertido en un mes triste…y claro, me gustaría poder dejar de ser así, pero, hasta donde yo sé, no existen grupos de terapia para meses depresivos. Es decir, me imagino un círculo de sillas, sí, y yo en el medio “ Me llamo Abril y no me gusta mi vida”, porque enseguida puedo ver a Diciembre, llorando porque las Navidades le ponen triste( pero, claro, él tiene ahí un puente en el que no hace falta tener fe para ser feliz) o a Agosto, siempre acalorado ( tampoco tiene razón…después de todo, siempre aparece en la playa o en la montaña o de crucero, o a saber).

Yo sí tengo razones para quejarme. Tengo que convivir con un Marzo que da paso a la primavera y con un Mayo que sólo conoce de flores y bodas. Y que cuando marzo mayea, mayo marcea…¿y yo?¿cuando abril junea, junio abrilea? No me digáis que no suena a tomadura de pelo. Alguna canción sí que habla de mí, pero claro, todas tristes…El tipo ese sin pelo de los Celtas Cortos que se puso a escribir una carta un 20 de Abril, que no me negaréis que parece aquello una carta de suicidio ( y en qué tipo de canción buena puede haber un verso que diga “ pues nada, chica, lo dicho”, seamos serios). Y luego está ese Sabina, que quiso poetizarme por un lado y luego cantarme. Pero también parece aquello un alegato al suicidio…¿quién me ha robado el mes de Abril? Un respeto, por favor. Que uno malgasta aquí 720 horas cada año recordando al mundo en qué día está. No soy moneda de cambio. Nadie pagaría un rescate por mí, así que robe usted un Febrero lleno de sanvalentines en soledad o un septiembre triste con hojas marrones rellenando sus esquinas. Y ahorraos el ponerle mi nombre a vuestras hijas. No seáis crueles. Mirad lo que ha pasado con Avril Lavigne…

En fin, aquí termina esta nota de suicidio, si todo va bien, esta noche podré llevar a cabo mi plan: descolgarme de esos puntitos de “ corta fácil” que tienen todos los calendarios y adiós, año cruel. Lo importante es participar. JÁ, JÁ.

Mj

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