
Me dijiste: "Los árboles son vividores pretéritos en otoño que en primavera camuflan su pasado con hojas verdes y, sin son presumidos, con flores de cualquier color".
Yo asentía mientras coloreaba tranquilamente pero fue entonces cuando me di cuenta: era la niña de 7 años con el amigo invisible más raro del mundo. Lo llevaba sospechando ya bastante tiempo: Susi tenía uno que le contaba historias de princesas y dragones y parecía bastante simpático; el de Martita cantaba canciones de moda y por eso ella siempre sabía qué canción poner en las fiestas de cumpleaños; el de Pedro sólo hablaba de fútbol y futbolistas y fútbol y futbolistas y gol. Incluso estaba el de Jorge, que de vez en cuando, según él, le decía que cogiera una cerilla y quemara algo: todos envidiábamos al amigo invisible de Jorge, porque tenía mucho sentido del humor.
A mí, en este reparto injusto, me tocaste tú en suerte. Al principio pensé que era culpa mía: era pequeña y no entendía la mitad de las palabras que me decías, pero estaba entretenida adivinando el significado: “apátridas” eran animales parecidos a los dragones de cuya boca salían pájaros; “ oníricos” siempre fueron las cosas de color azul tirando a rojo; “metafísico” era sinónimo de aburrido ( “sinónimo” todavía no estoy muy segura de a qué se refiere); “vernácula” era una planta que sólo creía en verano porque le daba miedo el frío; y me decías que todas aquellas palabras eran esdrújulas que, obviamente, significaba “ muy raras”.
Y un día en el parque empezaste a hablarme de árboles vividores pretéritos en otoño. Y, lo que es peor, te negaste a jugar conmigo al escondite. No me quedó más remedio que sentarme frente a frente contigo ( bueno, eres invisible, podíamos estar lado a lado o de espaldas) y contarte la verdad. Que no te entendía. Que tú a mí tampoco. Que quizá deberíamos seguir nuestros caminos por separado. Y tal cual, te dejé allí, mudo. Tantas palabras sabías y no pudiste dar con ninguna para despedirte.
Todo esta parrafada es para que vuelvas, por favor.
Nada ha vuelto a ser lo mismo desde que te fuiste. Mis amigos han resultado ser un poco aburridos, después de todo. La pesada de Susi todo el día princesas para arriba y para abajo, que estoy deseando que llegue un dragón y acabe con todas de una vez. Las canciones de Martita están empezando a taladrarme la cabeza. Pedro, bueno, Pedro es un pesado al que no se le pueden sacar más palabras que Liga y Copa. Y a Jorge todos le echamos de menos.
Vuelve, por favor. Ahora te entiendo. Bueno, sigo sin entender ni una palabra de lo que me decías, pero, ahora que he aprendido a leer con soltura, me llevaré un diccionario conmigo. Y podrás hablarme de cómo crecen las vernáculas oníricas aunque me parezca todo muy metafísico. Lo de los árboles pretéritos…bueno, ya veremos.
Mj
Para el autor de la frase, por ser y estar.
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