...la sensibilidad de un picaporte
Yo no pretendo y nunca he pretendido( vamos, que ni se me pasa por la cabeza) llegar a mucho público con lo que escribo, dejar huella en alguien o vivir de ello, siempre he mantenido que escribo por diversión y que dejaré de hacerlo el día que deje de parecerme divertido( lo cual, obviamente sucederá cuando me plantee lo anterior).
Bien, el caso es que envidio a un par de escritores. De los que llegan al público, dejan huella y viven de ello. Yo esta mañana he aparecido en casa a las 6 de la mañana y de todo lo que una persona puede hacer a esa hora, lo que me apetecía, de verdad, era continuar con el libro de Paul Auster que me estoy leyendo.
Peor aun, en el ligero estado de perjudicación en el que me hallaba, me he quedado mirando un párrafo de esos que te dan ganas de coger todas las palabras que has usado alguna vez para escribir algo y que aparecen en esas escasas tres líneas y pedirle perdón al mundo por haberte atrevido a tocarlas. No son palabras rimbombantes, no tienes que hurgar en un diccionario para encontrarlas. Y sin embargo, ahí las tienes, riéndose de ti, que estás en pijama.

" Qué impresión producía el rojo de la sangre contra el blanco del lavabo de porcelana, pensé. Con cuánta viveza llegaba aquel color a la imaginación, vaya sacudida estética. En comparación, los demás fluidos que segregábamos eran pálidos, chorritos apagados. Babas blancuzcas, semen lechoso, meados amarillos, mocos verdosos. Excretábamos colores de otoño e invierno, pero corriendo invisible por nuestras venas, la esencia misma que nos mantenía con vida, estaba el carmesí de un pintor enloquecido: un rojo brillante como pintura fresca" Paul Auster.