¿Quién me ha robado el mes de Abril?
Para Yudenia y Allan

Lo importante es participar. Ese es el lema con el que me ha tocado lidiar este año. 30 días recordándole a alguien que no hace falta ganar. No creo en ello, pero no puedo elegir la frasecita de marras.

Cada año, soporto días y días de tedio sin poder hacer nada. Me he convertido en un mes triste…y claro, me gustaría poder dejar de ser así, pero, hasta donde yo sé, no existen grupos de terapia para meses depresivos. Es decir, me imagino un círculo de sillas, sí, y yo en el medio “ Me llamo Abril y no me gusta mi vida”, porque enseguida puedo ver a Diciembre, llorando porque las Navidades le ponen triste( pero, claro, él tiene ahí un puente en el que no hace falta tener fe para ser feliz) o a Agosto, siempre acalorado ( tampoco tiene razón…después de todo, siempre aparece en la playa o en la montaña o de crucero, o a saber).

Yo sí tengo razones para quejarme. Tengo que convivir con un Marzo que da paso a la primavera y con un Mayo que sólo conoce de flores y bodas. Y que cuando marzo mayea, mayo marcea…¿y yo?¿cuando abril junea, junio abrilea? No me digáis que no suena a tomadura de pelo. Alguna canción sí que habla de mí, pero claro, todas tristes…El tipo ese sin pelo de los Celtas Cortos que se puso a escribir una carta un 20 de Abril, que no me negaréis que parece aquello una carta de suicidio ( y en qué tipo de canción buena puede haber un verso que diga “ pues nada, chica, lo dicho”, seamos serios). Y luego está ese Sabina, que quiso poetizarme por un lado y luego cantarme. Pero también parece aquello un alegato al suicidio…¿quién me ha robado el mes de Abril? Un respeto, por favor. Que uno malgasta aquí 720 horas cada año recordando al mundo en qué día está. No soy moneda de cambio. Nadie pagaría un rescate por mí, así que robe usted un Febrero lleno de sanvalentines en soledad o un septiembre triste con hojas marrones rellenando sus esquinas. Y ahorraos el ponerle mi nombre a vuestras hijas. No seáis crueles. Mirad lo que ha pasado con Avril Lavigne…

En fin, aquí termina esta nota de suicidio, si todo va bien, esta noche podré llevar a cabo mi plan: descolgarme de esos puntitos de “ corta fácil” que tienen todos los calendarios y adiós, año cruel. Lo importante es participar. JÁ, JÁ.

Mj

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How you wanna feel?

"Un libro puede hacernos revivir las emociones que describe con tanta intensidad como si las estuviésemos experimentando en primera persona. Un estudio holandés ha demostrado que la misma región del cerebro se activa tanto cuando experimentamos repugnancia por algo que hemos probado, como cuando vemos a alguien que expresa este mismo asco o incluso cuando leemos su descripción por escrito.

Hasta ahora ya se sabía que imaginar, observar y ejecutar algunas acciones ponen en funcionamiento las mismas zonas de nuestro órgano gris. Sin embargo, ¿ocurre lo mismo con las emociones? ¿Por qué nos 'engancha' un buen libro con tanta intensidad como la mejor de las películas de acción?

Para comprobarlo, y tal y como publica esta semana en la revista 'Plos One', un grupo de investigadores de la Universidad de Groningen (Holanda), puso a prueba a 12 voluntarios en distintas situaciones.

Mientras registraban la actividad de su cerebro mediante la técnica de resonancia magnética funcional, el equipo dirigido por Mbemba Jabbi les enseñó en primer lugar una breve película. En ella, varios actores sorbían líquido de un vaso y, a continuación, ponían cara de asco por lo que habían ingerido.

Los propios participantes también fueron estudiados mientras bebían un líquido amargo y, finalmente, mientras leían breves pasajes por escrito que también describían situaciones desagradables. En uno de los textos, por ejemplo, se relataba un encuentro por la calle con un hombre borracho, con un olor apestoso. El hombre empieza a sentir arcadas hasta que acaba vomitando encima del protagonista. Las situaciones desagradables se intercalaron con otros escenarios agradables y neutros, para evitar que los voluntarios se habituasen.

Los investigadores pudieron comprobar que en las tres situaciones (leyendo, bebiendo en primera persona y observando la película), se activaba la misma región del cerebro de los participantes. Se trata concretamente de la ínsula anterior, considerada el centro neurálgico de las emociones de disgusto. Algunas personas con daños en esta área, a causa de alguna infección, por ejemplo, no tienen capacidad para sentirse asqueados y podrían llegar a beber leche agria sin sufrir repugnancia.

Los autores destacan la importancia de sus hallazgos en el contexto de las emociones sociales y de ponernos en el lugar de los demás. Es decir, explican, el cerebro es capaz de activarse de manera similar cuando sentimos asco, cuando imaginamos que lo sentimos, o cuando vemos el que sienten otras personas.

"Lo que ocurre cuando vemos una película o leemos un libro es lo mismo: activamos nuestras representaciones fisiológicas de lo que experimentaríamos sintiendo asco de verdad. Ambas cosas pueden hacernos sentir literalmente lo mismo que el protagonista está experimentando en ese momento", concluyen. Sus observaciones, apuntan en tono de humor, son buenas noticias para los escritores de libros (y también de periódicos) en una era dominada por las imágenes visuales."

María Valerio, El Mundo.