
Supongo que a estas alturas ya me da todo igual. Yo, que en un ataque de romanticismo me enrolé en este ejército para ir a guerrear y conocer mundo por el camino, he decidido convertirme en una suerte de “objetor de conciencia” a pesar de estar metido en el ojo del huracán. He decidido observar.
Así que llevo unos días intentando sobrevivir al margen de esta gran guerra. Si ellos disparan al Norte, yo vigilo el Sur con la esperanza de que en este desierto aparezca un oasis. Si deciden arriesgarse a un ataque nocturno por sorpresa, me quedo a defender el fuerte, en teoría; en la práctica, me tumbo encima de la arena y me invento el nombre de las estrellas, hasta que vuelven, siempre menos de los que salieron.
Me encargo, eso sí, de enterrar a las víctimas como buenamente puedo: cadáver que veo, cadáver que recojo .Ya no sé si son suyos o nuestros, los muertos no entienden de idiomas . Me descubro ante ellos y digo palabras bonitas, inventándome sus vidas mientras veo a lo lejos cómo cae el fuego sobre la línea del horizonte.
Mi compañía no me entiende, pero el “vive y deja vivir” impera y sólo me miran con desprecio, porque para ellos no hago nada por nuestra causa. A veces quiero preguntarles si recuerdan acaso cuál es la razón por la que empezó todo esto. Si no se sienten marionetas. Pero el “vive y deja vivir” también me atañe. Aquí todos callamos.
Podría contarte que el cocinero ha empezado a aderezar los guisos con la tierra que saca de sus zapatos, que el coronel le tiene miedo a las tormentas y ordena ataques suicidas cuando llueve, para que el ruido de las explosiones no le deje pensar en truenos. O que el chico de Nantes escribe declaraciones de amor eterno y propuestas de matrimonio a dos chicas distintas. O que hay otros dos que se intercambian los cascos cuando descubren que, por sus cálculos, hoy es martes. O que el médico ha decidido cambiar de vocación y ahora va de psicólogo, preguntándoles a los heridos por su relación con sus padres.
Creo que se están volviendo locos. Por eso esta guerra ya me es ajena. Yo observo su locura y la pongo por escrito. Supongo que en eso consiste la mía.
Pero me voy por las ramas.
Será que hemos alcanzado el cupo de enemigos muertos, o de kilómetros avanzados o vete tú a saber. Quizá los que mandan desde allí también se han vuelto locos o eligen batallones al azar para tener héroes de carne y hueso, que los muertos no dan publicidad.
He sobrevivido 5 años en una guerra que ni me va ni me viene. Te envío esta carta porque dado lo absurdo de la situación, quizá acabe muerto por accidente, quién sabe...
:* Yo tengo los ojos: Castaños
* Yo deseo: Huir
* Yo odio: Las injusticias
* Yo escucho: A quien tenga algo que decir
* Yo le tengo miedo: A los perros y a los dentistas
* Yo no estoy: Sola
* Yo pierdo: Todo lo que cae en mis manos
* Yo necesito: Ver el mar
* Yo le debo: (Echando cuentas, estoy libre de deudas)
* Me pone feliz: Ver sonreír a los demás
* Me duele: LA cabeza como los días( ya no son mañanas, son días enteros) de resaca
¿SÍ O NO?
* Tienes un diario?: No, pero sí dos blogs
* Te gusta cocinar?: Me encanta, me apasiona y, curiosamente, se me da bien
* Tienes un secreto que no le hayas contado a nadie?: No, siempre los comparto
* Pones tu reloj unos minutos adelantado?: No tengo reloj
* Crees en el amor?: ¿Cree él en mí?
* Te bañas todos los dias?: Shower everyday
* Te quieres casar?: Ahora mismo, ni de coña. En un futuro quiero pensar que sí
* Te gustan las tormentas?: Las adoro. Agua y electrones.
¿QUIÉN ES?
* La persona más rara?: No me considero quién para juzgar jajaja
* La persona más molesta?: Los que van a las bibiotecas a no estudiar, sino a pasearse
* La persona que te conoce mejor?: Me gustaría hacer un concurso entre Ce, Tx y Ck
* El profesor más aburrido?: El Padre Tomás en Historia sisisisisi
¿CÚAL ES?
* La frase que más usas en el msn?: Cualquier verso de la canción que me dé vueltas en la cabeza
* Tu grupo favorito?: Uf, sería como elegir entre mis hijos
* Tu mayor deseo?: Viajar y aprender
OTRAS PREGUNTAS
* Signo: Piscis
* Color de pelo natural?: Castaño
* Color de pelo que tienes: Castaño
* Color de ojos: Castaños( del color del últimomomento del atardecer, dijeron)
* Número favorito: 4, 8, 15, 16, 23, 42
* Día favorito: Sábados
* Mes favorito: Octubre, cuando todo está por emepzar
* Estación del año favorita: Primavera
* Deporte favorito: Tenis
* Café o té: Hoy por hoy…café, pero he tenido épocas de té
* Montaña o playa: Playa
* Barça o Madrid: Me metí en un fuente por el Barça
* Sol o Nieve: Lluvia
EN LAS ÚLTIMAS 24H TÚ HAS:* Llorado?: Sí
* Ayudado a alguien?: Sí
* Comprado algo?: Sí
* Enfermado?: Seguramente
* Ido al cine?: No
* Salido a cenar?: Sí
* Dicho "te amo"?: No
* Escrito una carta?: Sí
* Perdido a un novio?: un que?
* Hablado con alguien que hace tiempo no hablabas?: Sí, muchos, además
* Escrito en un journal?: mmmmm no?
* Tenido una conversación seria?: Sí
Hala, elegios, W, Angeluxi, Asiria y Klover...me voooooooooooy


En aquel tugurio perdido en el fondo de un callejón oscuro de la ciudad, el cantautor burlaba la censura y cantaba entregado a su público, siempre fiel.
Yo ocupaba una mesa cerca de la barra y apuraba tranquilo la copa que me había arriesgado a pedir, a pesar de la Ley Seca que reinaba sobre el país pero que en aquel local, como en otros tantos ilegales, estaba abolida.
Pocos eran los que se atrevían a hacer sombra con sus ruidos o palabras a los acordes de la guitarra y a la voz serena y profunda. Aquella historia, aquella voz, aquellas canciones, estaban prohibidas en nuestra ciudad. Instaban a la revolución, no tanto la armada que tanto revuelo podría causar, sino a la que empieza por uno mismo, cuando uno se da cuenta de que las piezas no encajan y lucha callada pero firmemente en busca de una solución, de un cambio. El amor, la amistad, la política y el dolor se mezclaban en armonía mientras los ojos verdes del cantante escrutaban a la audiencia en busca de un gesto cómplice.
Y allí estaba yo, infiltrado en un mundo de resistencia, a punto de acabar con aquel espejismo de libertad.
Lo peor es que yo no siempre había sido así.
Cuando contaba con la edad de la mayoría de los allí presentes, también fui como ellos. También creí que el mundo podía ser cambiado y confiaba en ser parte del cambio, de las manos que labraran un futuro mejor. Pero la edad, la suerte y la ironía del destino hicieron que mi padre me encontrara un trabajillo en el bando contrario, el que repudiaba con todas mis fuerzas. Y no pude rechazarlo. El dinero que entraría en mi casa sería más que útil, indispensable.
Así que acepté y, poco a poco, fui ascendiendo. Llegó un punto en que todo me daba igual. Me había traicionado a mí mismo de tal manera que dejé de pensar, de sentir y ellos vieron en mí un asesino a sueldo, frío y calculador, que mataba sin remordimientos porque ya los había quemado todos.
Dos años matando gente en su nombre. Y, un par de días atrás, llegó el siguiente encargo.
El cantautor empezaba a hacerse notar. Sus palabras empezaban a calar hondo en la gente y aquellos para los que trabajaba querían arrancar el problema de raíz. Quizá alguien pudiera pensar que matarlo y, seguramente, convertirlo en mártir era una mala solución. Las leyendas sobre héroes empezaban también así.
Pero el pueblo hacía tiempo que sólo creía en personas de carne y hueso que pudieran guiarles hacia una lucha que ellos solos no podrían llevar a cabo, y menos guiados por un fantasma al que mataron por intentarlo. El pueblo, tristemente, había perdido la fe. Como yo.
Entre aplausos y conversaciones sobre cómo podrían ser las cosas si empezaran esa misma noche a arreglar el mundo, el concierto terminó. Esperé pacientemente a que el local se vaciara y salí tras él, con la mano tanteando el bolsillo en busca del arma.
- Perdona-le dije una vez estuve a su altura- quería felicitarte. Gran concierto, en serio
- Mmmm, gracias, de verdad. Espero que mis palabras no te hayan sonado huecas.
- Hubo un tiempo en que me hubieran calado hondo. En que hubiera salido a comerme el mundo tras escucharte. Pero eso ya es sólo un recuerdo.
Se paró, extrañado. Normalmente la gente que le paraba y hablaba con él tras los conciertos era gente con esperanza. Con media sonrisa me miró y dijo:
- No puedes hablar así. Siempre hay que tener esperanza. Las cosas pueden cambiar…
Entonces calló. Le apuntaba directamente al pecho y por mi mirada sabía que iba en serio. No era un fan loco. Era su verdugo.
- Entiendo - bajó la cabeza, pensativo- es el precio que he de pagar por decir lo que pienso y hacer que los demás se replanteen sus vidas tal y como las conocen, ¿no? Vas a asesinarme para acallar mi voz, para que no se oigan las protestas, para…
Interrumpí su discurso con un disparo y lo siguiente que salió de su boca fue un hilo de sangre. Le miraba fijamente mientras guardaba el arma de nuevo en el bolsillo de la gabardina.
- Deberías agradecerme lo que acabo de hacer. No te he matado por tus ideales, tampoco por sembrar la esperanza. Lo he hecho para que no te conviertas en alguien como yo. Acabo de salvarte de ti mismo.
* Para S., por transformar una semana horrible haciendo magia sólo con una guitarra y sal. Gracias.
Ese fue el consejo de mi madre ciuando le pedí consejo. Por aquel entonces, yo contaba con 11 años y no sabía nada de la vida.
Fue una mañana cualquiera, al salir de aquellas tristes clases en las que las monjitas del pueblo nos enseñaban a leer, hacer cuentas y coser para ser unas buenas amas de casa, años antes de que estallara una guerra que ya se encargarían de contar después los libros.
Yo iba camino de mi casa, hablando con mis amigas de todo y nada a la vez cuando, de repente, apareció él de la nada.
Y se me declaró.
Imaginaoslo: yo con 11 años, una niña. Y él con 22, juntando todo el valor del que fue capaz, todo un hombre, diciéndome que me quería. Que me llevaba observando un año. Que, por favor, le dijera que sí.
Después de la sorpresa de aquella declaració, entre las risas malvadas de mis amigas, volví a casa hecha un lío, sin saber qué pensar. Para mí el amor era algo sacado de un libro, de una película de domingo por la tarde. Pero no tenía nada que ver conmigo.
Así que seguí el consejo de mi madre sin dudarlo.
Pero cada día, a la salida del colegio, allí estaba él, con su sombrero entre las temblorosas manos, con el alma en los pies.
Yo lo sabía. Sabía que cada vez que giraba la cabeza en dirección contraria a la suya, que cada palabra que me callaba le dolía en lo más profundo. Pero yo no sabía qué era el amor. No sabría corresponderle. Sólo era una niña.
Y pasó el tiempo y mis 11 años se convirtieron en 16. Y empecé los escarceos con los chicos de mi edad, toda inocencia, mientras iba descubriendo los efectos de las hormonas y los sentimientos.
Y él seguía allí, observándome desde cada esquina. Mientras paseaba con mis amigas, sentía su mirada en mi nuca. Sentía la envidia cada vez que algún chico me daba la mano o me invitaba al cine.
Si alguna vez me cruzaba intevitablemente con él, sólo babuceaba un " te sigo esperando" que a mí me daba igual, que me sonaba a excusa. Se cansaría, como todos los chicos de los que yo me cansaba.
Y el tiempo siguió pasando. Terminó una guerra. Empezó otra.
Y llegó el día de mi mayoría de edad. 21 años. Ahora tendría un poco de libertad vigilada. Ahora tendría el mundo en mis manos
Y esa noche él apareció en mi casa. Con el sombrero entre las manos. 32 años de timidez.
- "¿Quieres casarte conmigo?"
El desprecio no había servido de nada. Allí estaba, con su amor, con ese amor que yo empezaba a descubrir.
Por supuesto, le dije que sí. Y hoy, cuando le pillo mirándome con esos ojos pequeños de sus 84 años, todavía me pregunto si existe otra clase de amor mayor del que siento por él. Y sé cuál es la respuesta.
Y es entonces cuando me acerco por sorpresa y él, venciendo de nuevo su timidez, me besa. Como si fuera la primera vez. Como si tuviera 11 años.
